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1.4.1.- Financiación propia.

Caso práctico

No es mucho el dinero que necesitan Marta, Elisabeth y Alberto para iniciar el negocio (¡estupendo!), por lo que con sus ahorros casi podrán cubrir la totalidad del Plan de Inversiones y Gastos.

Fotografía de una hucha con forma de cerdito.  Además de la hucha, en la fotografía también aparece la mano de una persona echando una moneda en su interior. Los ahorros de la persona que promueve la idea, así como las aportaciones de su entorno familiar, amistoso o profesional son cruciales para constituir el Capital social de la empresa. A cambio obtienen un rendimiento de su inversión, participando de la propiedad y la gestión de la empresa. Ésta suele ser la forma de financiación más importante de los nuevos proyectos empresariales hasta que se consolidan.

Pero ¿qué ocurre una vez puesta en marcha la empresa? ¿Existe también la financiación propia? En efecto, a lo largo de la vida de la empresa podemos recurrir también a la autofinanciación de las formas siguientes:

  • Reservas: son beneficios que obtiene la empresa pero que no se reparten entre los socios y socias, sino que se guardan porque así lo obliga la ley o porque se van a destinar a nuevas inversiones.
  • Amortizaciones: los bienes (maquinaria, elementos de transporte...) están sujetos a obsolescencia, es decir, al envejecimiento. Por ello se crea un fondo (las amortizaciones) destinado a reponer esos bienes cuando sea necesario. Ese dinero procedente de la amortización puede utilizarlo la empresa hasta el momento en que reponga los activos.

En el siguiente vídeo se explican las distintas fuentes de financiación propias: